Tuxpan, Cd. Guzmán; 22 de julio de 2014]
LOS
GRITOS DE DIOS RECLAMAN JUSTICIA Y DIGNIDAD
La
jornada de esta mañana se invirtió en
“compartir una mirada a la realidad desde la propia comunidad y región en que
se vive”. Reunidos en grupos de trabajo, se identificaron los aspectos de la
realidad que más están afectando la vida de las personas, y confrontándolos con
el proyecto del Reino, se intentó descubrir “los gritos de Dios” en los dolores
y sufrimientos del pueblo; luego se animó a la toma de conciencia de frente a
la responsabilidad de actuar de cara a los problemas de los hombres y mujeres
hoy.
Este día dio inicio el trabajo en el
Núcleo 5: Tuxpan, Diócesis de Ciudad Guzmán, del XIX Encuentro Nacional de las
CEB. En un ambiente de cordialidad, los 93participantes del encuentro se
presentaron por regiones. Luego del reconocimiento y del encuentro humano, se
asignaron algunas comisiones, buscando la colaboración desde diferentes
servicios y momentos del encuentro.
Es una realidad que en la Iglesia la mujer
tiene un papel importante. Y en el momento de la oración se reconoció su
participación en diferentes espacios eclesiales:“Hoy festejamos a María Magdalena y con ella a todas las mujeres que
son fieles al evangelio desde su situación concreta”.
Al echar una mirada a la realidad, se
encontró un diagnóstico común, se identificaron síntomas similares que unen a
todas las regiones en una situación generalizada de pobreza económica, de
desempleos y salarios bajos, de carencia de los servicios médicos, de violencia
y violación en los derechos fundamentales de las personas, de corrupción, de
control político y económico, de injusticia e impunidad, problemas de alcoholismo
y carencia de servicios médicos. Y se señaló que algo que está afectando a todo
el país son las “reformas estructurales” y la dependencia que se genera en los
apoyos del gobierno…
Pero reconocimos que también estamos
unidos en una misma esperanza: “Todos
juntos podemos ser fermento de una sociedad nueva”; Dios nos pide actuar
desde nuestro aquí y ahora.Nos sentimos llamados a colaborar en la instauración
del Reino de Dios en medio de nuestros pueblos. Intentando ver la realidad con
el “mirar de Dios”,se identificaron algunos
de los “gritos de Dios”:
“Queremos paz con
justicia y dignidad”, “Alto a la Pobreza económica”, “Exigimos trabajos con
salarios bien pagados”, “Respeto a los Derechos humanos, individuales y
colectivos”, “No al imperialismo en todas sus formas”, “Alto a la violencia y
al crimen organizado”, “Hagamos reformas que se cumplan a favor de los pobres”,
“Alto a la destrucción ambiental:
Cuidemos la naturaleza”, “No a la violencia,corrupción e inseguridad”, “Más
amor y respeto a la vida en todas sus manifestaciones”.
El Padre Francisco Ibarra, iluminador de
nuestro núcleo, ubicólos gritos que reconocieron los participantes en el
contexto nacional en cuanto a la situación política y económica, y señaló:
“Las Comunidades Eclesiales de Base se
caracterizan por una sensibilidad muy fuerte de frente al dolor y el sufrimiento de cada hermano”. Nos animamos con el método VER, PENSAR,
ACTUAR… pero ojo: no sólo queremos ver la realidad para ser conscientes de lo
que está pasando, sino para verla desde Dios, y desde Él, también
transformarla. Como dice Carlos Mesters, la Realidad, es además, la primera
Palabra de Dios. Si deveras tomamos en
serio la realidad y el juicio que Dios hace de ella, estaríamos haciendo realmente
la voluntad de Dios.
El Concilio Vaticano II, señala que la
separación entre fe y vida, es el mayor de los problemas de la iglesia
hoy. Por tanto, es urgente impulsar la
Pastoral Social en nuestras diócesis, para despertar la capacidad de actuar en
la transformación de la sociedad hoy. El Vaticano II, en GS 4 dice: “Para que la Iglesia cumpla su misión en el
mundo, es su deber permanente, escrutar a fondo los signos de la época e
interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que pueda responder a los
diferentes interrogantes de la vida presente y de la vida futura. Es necesario
conocer y comprender el mundo en que vivimos…”
Se dejó oír la voz de los participantes diciendo:
“Ya basta de que por el miedo dejemos de actuar” “venzamos nuestra indiferencia
y abandonemos el temor a comprometernos”. Tal vez en un actuar individual, el
miedo tiene sentido, pero unidos, organizados: todos aquellos quienes queremos
transformar la realidad para revestirla del Reino de Dios, lo podemos hacer.